Suiza de lujo: 48 horas en St. Moritz

Suiza de lujo: 48 horas en St. Moritz

Sankt Moritz, Suiza

18/09/2018 - 7:16

Clarin.comviajes

Un cartel cualquiera en la peatonal Maistra expone a las claras el espíritu de toda la ciudad: “Café – Té – Caviar”. Sankt Moritz, ubicada en el sudeste de Suiza, en la región conocida como Alta Engadina, es así: lujosa, exuberante, ostentosa. El sitio se hizo famoso a nivel mundial por la celebración aquí de dos juegos de invierno: los de 1928 y los de 1948. Los visitantes recordarán estos hitos a cada paso ya que en negocios, restaurantes y hoteles suele haber pósters de bellísima estética originalmente vintage que los evocan.

Sankt Moritz (St. Moritz) nació en la cabeza de Johannes Badrutt, homenajeado con un busto ubicado en pleno centro histórico, obra de la artista Nicola Cox. El suizo, nacido en Samedan en 1819, debió emigrar de muy pequeño con su familia para escapar de la hambruna y se convirtió en un entrepreneur turístico desde muy joven: primero con el alojamiento Werk & Handelshaus für Bauwesen y luego con el hotel A la Vue du Bernina. En 1843 se casó con Marie Berry (otro apellido clave en la historia de Sankt Moritz) y en 1858 sembró la semilla de lo que hoy es el majestuoso Kulm Hotel. En 1864 hizo la jugada maestra que derivó en el posicionamiento de la ciudad como un enclave esencial de los deportes de invierno: invitó a un grupo de ingleses a su hotel con la condición de que si no la pasaban bien, él correría con los costos. Los visitantes llegaron para Navidad y, para Pascua seguían allí. El Kulm sigue siendo el centro neurálgico de esta aldea alpina suiza.

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Una ciudad que es dos ciudades en una: la del invierno, de blancos cegadores y personas que se movilizan sólo con sus bastones de esquí por las resbaladizas calles; y la de verano, plagada de colores, vistas imponentes y senderos para recorrer a pie. En cualquiera de sus dos versiones es un imán para nobles, millonarios y hasta personajes que necesitan exhibir una falsa alcurnia.

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ST.MORITZ, SWITZERLAND - JULY 27, 2017. Paragliding on Saint Moritz lake, Switzerland, top attraction for the tourists who visit the place.

9.00 El lago St. Moritz, en la parte baja de la ciudad, actúa como foco de concentración para los pocos más de 5.000 residentes y para los numerosos visitantes.

Durante los meses más cálidos, las aguas se pueblan de veleros, remeros y pescadores. Cuando la superficie se congela, es escenario de numerosos deportes sobre hielo: polo, criquet, hockey y hasta carreras de caballo, conocidas como “white turf”.

Recorrer el anillo que lo circunda, respirando ese aire limpio y observando a los locales yendo y viniendo a completar sus quehaceres cotidianos es un placer. La caminata consume exactamente una hora.

10.00 Tomando el ascensor del estacionamiento La Serletta se llega a la parte superior de la ciudad, más puntualmente a Via Serlas, una avenida que inicia con una exageración de negocios de marcas de primer nivel: Armani, Miu Miu, Bulgari, Harry Winston, Jimmy Choo, Valentino… Todas las tiendas están rodeadas por galerías de arte y chocolaterías (la espectacular vidriera de Laderach devela tentaciones desconocidas hasta ese momento). Como si todos los sentidos necesitaran estimularse en simultáneo. El Badrutt’s Palace, que se jacta de ser “un hotel de cinco generaciones”, se erige como una mole magnífica de piedra oscura en medio de todo ese lujo. El hotel abrió sus puertas en 1896 y su creador, Casper Badrutt, es uno de los hijos de Johannes.

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Night landscape of St Moritz reflected in the lake in Switzerland

11.30. El recorrido sigue por el centro histórico, en particular a lo largo de la Via Maistra, peatonal en su primera parte. Junto al puesto de información turística, dos hombres y una mujer luchan contra enormes bloques de hielo. Están armando una estatua en vivo y reúnen no pocos curiosos alrededor, que disparan incansablemente fotos desde sus celulares. En una esquina, se puede ver la confitería Condiroei Hanselmann, de perfil antiguo, con sus vidrieras encuadradas en madera. Aunque no haya voluntad de comprar nada merece una visita.

12.45. La “torre inclinada”, ubicada sobre la misma Vía Maistra, es una versión low cost de la Torre de Pisa: data de 1570, tiene tres metros de altura y una inclinación de unos cuatro grados. Fue parte de la antigua iglesia de San Mauricio, demolida en 1890. En los alrededores aún quedan algunas tumbas.

Cruzando la calle está el monumento al “corredor de cresta”, el deporte local. Es una versión aggiornada del trineo inglés que se practica sobre una pista de nieve natural que tiene su punto de partida exactamente en donde se ubica esta imagen de bronce. El evento se celebra anualmente cada invierno desde 1885. La pista se construye desde cero cada enero, tiene unos 1.200 metros de longitud y una pendiente de entre 1 y casi 9 grados y un desnivel entre origen y llegada de 157 metros.

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Evening Shopping in Saint St. Moritz in luxury Via Serlas near Badrutt's Palace Hotel...On MONDAY, 28 DECEMBER 2009..PHOTO fotoSwiss.com/cattaneo

13.00 La parada obligatoria para almorzar es en el Kulm, por supuesto. En la puerta, unos carruajes tirados a caballo ofrecen recorridos por la ciudad por 100 euros y unos autos estacionados llevan ploteada la inscripción “Rolls Royce Winter Lounge”.

Si bien tiene distintas opciones gastronómicas, el Sunny Bar se lleva todas las palmas. Es un espacio exclusivo del Tobbogganing Club, la entidad local que organiza el torneo anual de cresta. El sitio tiene 132 años y es frecuentado por príncipes, princesas y otros poseedores de títulos nobiliarios.

“Una vez me tocó atender a Carolina de Mónaco y yo no sabía quién era, por lo que la trataba como a cualquier otro comensal. Cuando me indicaron, me avergoncé y fui a disculparme, pero rápidamente me aclaró que, dentro del Sunny Bar, ella era simplemente Carolina”, cuenta Oscar, un argentino que trabaja en el lugar.

En el acceso, un salón de la fama con las fotos de todos los presidentes de la entidad. En el interior, los ventanales con vista límpida hacia la montaña contrastan con las paredes atiborradas de premios, trineos y todo tipo de memorabilia relacionada con el deporte local. La comida es exquisita y, contrariamente a lo que pueda suponerse, no es tan exigente en materia presupuestaria.

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St. Moritz, Switzerland - January 27, 2013: Polo Players chase after the ball at the St. Moritz Polo World Cup on Snow while spectators are watching. The St. Moritz Polo World Cup on Snow is the worlds most prestigious winter polo tournament. Four high-goal teams with handicaps between 15 and 18 goals battle for the coveted Trophy on the frozen surface of Lake St. Moritz.

15.00 Volviendo sobre los pasos transitados se llega hasta la Vía Arona, donde se ubica el Museo Berry: un espacio dedicado al médico y artista Peter Robert Berry, nacido en 1864 y fallecido en 1942. Más allá de sus óleos y pinturas, que reflejan cuarenta años de actividad y tienen como fuente de inspiración las montañas circundantes, la visita vale la pena sobre todo para conocer la propiedad: Villa Arona es una casa centenaria que permite hacer un viaje en el tiempo y adentrarse en la arquitectura engandina tradicional.

16.30. Bajando por Vía del Bagn unos 500 metros se llega al Engadiner Museum (Museo de Engadina), que permite una inmersión en la vida cotidiana de la región en las diferentes épocas. Los recursos para guiar al visitante son excelentes y en poco más de una hora se obtiene una noción profunda sobre la cultura y la historia locales. La entrada cuesta 13 francos suizos (unos 15 euros), los menores de 16 años entran gratis y los martes está cerrado.

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18.00 En dirección a la montaña y un poco alejada, sobre la Vía Tinus, se encuentra la Chesa Futura (casa del futuro), un diseño del prestigioso Norman Foster que fusiona diseño de última generación con técnicas de construcción ancestrales para conformar un edificio respetuoso con el medio ambiente, con armazón y revestimiento de madera.

Lo que más llama la atención, no obstante, es su forma: de lejos parece una calabaza gigante de esas que se adornan para Halloween. Según sus ideólogos, los materiales elegidos permiten que las viviendas duren un siglo completo sin necesidad de mantenimiento.

19.00 De regreso al casco histórico, la cita para la cena, con reserva previa, debe ser inevitablemente en Chesa Veglia: una antigua granja engadina que data de 1658 y que hoy forma parte del complejo del Badrutt’s Palace. El interior rescata la rusticidad original y el visitante puede saborear sencillos platos italianos, como pizza o pastas, hincando los bocados con cubertería antigua y pensando en que, tal vez, en esa misma mesa de madera maciza y oscura pudo haber estado sentada una de las habitués más célebres del restaurante, Elizabeth Taylor, que solía venir acompañada de un interminable séquito. Es posible elegir el salón Patrizier Stuben, especializado en comida local, la pizzería Heuboden o la parrilla Grill Chadafö, que abre solo en invierno. Si hay espera, se puede amenizar con un vino, una cerveza o un cóctel (el ruido incesante de las cocteleras batientes es conmovedor) en cualquier de sus dos bares, el Polo Bar o el Carigiet, que permanece cerrado durante el verano.

SEGUNDO DÍA

10.00 Camino a la montaña, habrá que subirse al funicular que une Sankt Moritz con el centro de esquí de Corviglia. El costo del transporte es de 50 euros por persona por día y hay promociones especiales para grupos o para múltiples jornadas.

Corviglia es verdaderamente enorme, sus parques de nieve están considerados como algunos de los principales de toda Europa y tiene opciones que van desde nivel experto hasta niños, pasando por intermedios.

14.00 El esfuerzo físico puede compensarse con un almuerzo en el paraíso: el cercano Alpina Hütte, a distancia de pie desde la estación de cablecarril, con terrazas que dan directamente a la montaña y platos que van desde clásicos de la cocina suiza hasta carne a la parrilla. La música parece estar siempre al volumen exacto, el sitio está siempre lleno y las mesas se ven continuamente animadas. Cierra de abril a junio.

16.30. De regreso, en la estación de trasbordo de Chantarella, una última parada obligada: a 600 metros de la parada se encuentra la cabaña de Heidi. Es que aquí se rodó la película sobre este famoso y entrañable personaje infantil, creado por la autora suiza Johanna Spyri. El acceso es gratuito y la caminata hasta el lugar -entre recuerdos de la historia de Heidi, el abuelo, Clara y Pedro- ya habrá valido la pena.

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18.00 De nuevo en la parte baja, Dal Mulin, en el centro y a 200 metros del hotel Kulm, se posiciona como una excelente opción para la cena: un ambiente alpino moderno, con maderas claras y mucho blanco, donde se puede degustar un excelente cordero con cuscús, brócoli y una salsa especiada alpina cuyos ingredientes, cuando se quiere detectar de qué está hecha, son huidizos al paladar. La música suave de fondo anticipa la nostalgia del próximo día, cuando el viajero ya se encuentre lejos de este paraíso suizo. 

Walter Duer / Especial para Clarín

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